por King Water el Lun Oct 05, 2009 8:16 am
VAW 01. El Mensaje Vacío
Habían transcurrido dos días desde el encuentro de Ken y la Alianza Del Norte; Aunque, para Ken, Glena y Nek aquellos dos días habían transcurrido con una lentitud casi mística. El ejército de la nueva era, se encontraba a las puertas de Gereo, cuna de la maldad de Éxico.
Inis quien dirigía las tropas, hizo un ademán con su mano. La señal firme que simbolizaba un Alto.
El ejército se detuvo en seco y no hubo sonido alguno, más que la tétrica brisa del viento.
Ken sintió presencias e inmediatamente se alejó de Nek y Glena, para permanecer al lado de Inis.
El líder del norte, sostuvo el hombro del joven guerrero una vez estando a un lado de él, la sonrisa que en consecuencia mostró, dejó tranquilizado a Ken.
Una línea de individuos se divisó en el horizonte, Ken pudo distinguir que quién los dirigía era una mujer muy joven, tenía el cabello largo y de color verde, su físico era delgado pero se vislumbraba dinámico, su piel era muy blanca y sus ojos eran muy hermosos.
En segundos la mujer llegó con ellos, con un ejército de guerreros, los cuales eran alrededor de 500 hombres.
-Bienvenido a Gereo su majestad. –Expresó la mujer, quien realizó una reverencia-. Es bueno tenerlo de vuelta en casa.
Inis frotó su nuca debido a la pena. Al terminar su saludo formal la chica enfocó su mirada en Ken.
-Tú debes ser Ken. –Expresó la chica con enorme seriedad.
-Así es. –Respondió Ken.
-Es un honor conocerte. –Expresó ella con enorme formalidad-. Ella dijo que vendrías.
Todos permanecieron en Shock con lo dicho por aquella mujer, quién permanecía serena en todo momento. Pues aunque no se había dicho el nombre de la persona, pudieron imaginarse de quien se trataba.
-La bruja del acierto. -Le preguntó Ken con seriedad.
-Así es. –Respondió la mujer-. Ella los está esperando.
-Disculpe señorita…
-Tara, soy Tara. –Respondió la mujer a Nek.
-En verdad la bruja del acierto nos espera. ¿Cómo sabía que vendríamos? –Cuestionó Nek.
-Ella lo sabe todo. –Respondió Tara-. Por aquí por favor.
Ken, Glena y Nek mostraron cierta desconfianza. A una sincronización casi perfecta, desviaron su mirada hacía Inis.
-Adelante. Tara es la persona en la que Neon confía más. –Expresó Inis con seriedad-. Ella es quizás la persona más confiable de este lugar.
Dicho esto, Ken, Glena y Nek no objetaron nada. Se despegaron un poco de la Alianza Del Norte para seguir a Tara, quién caminó en otra dirección.
-¡Avancen! –La orden de Inis, movilizó a su ejército y al ejército de Tara, cuyos integrantes se mezclaron inmediatamente.
Nuevamente se escuchaba el ruido que hacían los miles de pies, juntos simulaban los pasos de un enorme gigante acercándose al centro del reino.

Ken, Glena y Nek caminaban por un oscuro pasillo hecho de piedra de río. Aparentemente, Tara los había conducido hasta una antigua construcción subterránea, por el pestilente olor, Ken dedujo que en el pasado esto no era más que un complejo de alcantarillas.
Poco a poco sus ojos vislumbraron siluetas de personas, las cuales se ocultaban entre la oscuridad, al parecer ahora ese complejo de alcantarillas representaba el hogar de cientos de mujeres y niños.
Después de algunos minutos, el recorrido finalizó frente a una puerta en la cual se encontraba la insignia del ente de las ocho alas.
-Está es la cámara de los “Iluminados”. –Explicó Tara-. Está estrictamente prohibido que cualquiera entre a este lugar. Sin embargo, hoy se hará una excepción para ustedes.
Tara frotó el dibujo de la puerta con su mano derecha, inmediatamente un rugido se escuchó a lo largo y ancho del lugar.
Ken, Glena y Nek se mostraron anonadados al ver como la puerta se abría poco a poco, más que nada, porque el material con el cual estaba hecho se vislumbraba muy sólido e incluso, imposible de mover con la fuerza de la maquinaria.
-Pasen. –Expresó Tara con seriedad-. Se les espera al otro lado de la cámara.
En un principió, Ken se mostró desconfiando al ver que del otro lado únicamente se divisaba oscuridad. Sin embargo, al ver el rostro de Glena y Nek sin rastro de preocupación alguna, se armó de valor para dar un paso hacía adelante.
Cuando los tres entraron al salón; Las puertas tras ellos se cerraron, el ruido de las puertas, era tan fuerte que estremecía el suelo que pisaban.
La oscuridad predominó en aquel sitio, pero en segundos sintieron una brisa calida, seguida de una presencia casi mística.
-Son ustedes los mensajeros del Anciano Maestro. –Expresó una voz en la oscuridad.
Aquella voz era pasiva y suave, parecía la voz de un niño.
-Así es. –Respondió Ken-. Hemos venido desde muy lejos para ver… A la Bruja Del Acierto.
Otra corriente de aire se percibió, fue una ráfaga de viento violento que cruzó por cada esquina del salón. Ken, Glena y Nek divisaron luz, el viento, místicamente, había encendido una fila de cálices. Estos estaban situados sobre columnas, en ambos laterales de aquel salón, dentro de ellos había una flama, cuyo fuego era celeste.
Los tres divisaron que el salón era amplio, en sus muros había múltiples imágenes y símbolos, muchos de ellos los habían visto en anteriores aventuras, al fondo del lugar se encontraba la estatua del ente de las ocho alas y frente a ella, una silueta en posición de loto, les daba la espalda mientras recitaba.
-Misteriosos son los designios de los vigilantes, que en todo momento engañan a los profetas con visiones de sus planes. Pero de entre ellos, existen quiénes siempre los desafiarán para beneficio de la humanidad. –La silueta se puso de pie, dio media vuelta mostrando su rostro, mientras finalizaba-. Esos son los “Iluminados”, los únicos que pueden tomar el fuego sagrado de esos cálices.
Ken y Glena observaron el rostro de aquel que había pronunciado tan extrañas palabras. Se trataba de un niño que rozaba la edad de 13 años, de cabello lacio y blanco y de ojos celestes cuya pupila era nula, su piel era muy blanca y su cuerpo era delgado, usaba una túnica blanca y no tenía calzado.
Nek se acerco a uno de los cálices, el cual se encontraba sobre una estructura con la imagen de un León. La luz del fuego atrajo su atención, mientras divisaba el fuego y la imagen de León, intentó tocarlo con su mano.
-No toques el fuego. –Expresó el chico.
Nek retiró la mano inmediatamente, apenas había rozado la flama y ya sentía ardor en sus dedos. Sintió su sangre hirviendo y hasta le dolían un poco los huesos.
-¿Qué clase de fuego es este? –Murmuró Nek, mientras observaba que salía humo de su mano derecha-. Se supone que el fuego no me afecta.
-Este es un fuego diferente al que controlas. –Expresó el chico quién poco a poco caminó hacía ellos-. Sí lo hubieses tocado más tiempo, hubieses muerto.
Nek se mostró aterrado por lo que había escuchado, se preguntaba como podía ser cierto, si él era uno de los descendientes del clan fuego.
-Este es el fuego de los dioses. –Explicó el chico-. Sólo aquellos que portan la luz pueden tomarlo.
El chico enfocó su mirada, en la espada que Nek portaba en la espalda.
-Sí portas esa espada. Significa que tú no eres un emisario de luz. –Prosiguió-. Tal vez seas un alma gris o quizás…
El chico interrumpió su plática, al divisar el rostro serio de Ken. El joven guerrero le miraba con una seriedad seca.
-¿Pasa algo? –Cuestionó el chico.
-En verdad sí. ¿Quién eres tú? ¿Por qué nos dices todas esas cosas? Y ¿Dónde está la Bruja Del Acierto? –Preguntó Ken.
-Mi nombre es Adán. –Expresó el chico-. Soy el alumno de La Bruja Del Acierto. Tú… eres Ken ¿verdad?
-Así es. –Respondió Ken mientras dibujaba una expresión seria en su rostro.
-Mi maestra predijo tu llegada y la de tus amigos. –El chico habló con más suavidad-. Al mismo tiempo, dijo que cuando ustedes llegasen a Éxico iniciarían las calamidades.
-¿Calamidades? –Murmuró Glena.
-El sacrificio de la virgen, la lucha entre las dos bestias, la llegada del huésped, la revelación del abismo, el deseo con el elemento y la destrucción del reino. –Expresó Adán-. Las últimas profecías de la Era De Los Espejismos.
-¡Caray! Eso se escuchó muy mal. –Expresó Nek con seriedad-. Y yo que creí que lo peor había pasado.
-Es más grave de lo que se escucha. –Prosiguió Adán-. La Anciana, también dijo que Éxico y el mundo no volverían a ser los mismos, el mundo que conocemos llegaría a su fin.
El chico desvió su mirada hacía una puerta en el fondo del salón.
-En estos momentos, la señora Hapunda está meditando. Nadie puede interrumpirla. De hecho… -Expresó Adán quien arrojó una mirada desafiante hacía Ken-. Nadie puede llegar hasta ella sin enfrentarme primero.
-No estarás insinuado que para llegar a ella debemos enfrentarte ¿verdad? –Expresó Glena con seriedad.
-Yo no lo pude haber dicho mejor. –Respondió el chico.
-¡Qué! –Exclamó Glena-. Creo que no has comprendido niño, nosotros somos de los buenos. Venimos a entregar la caja para volver a nuestro hogar.
-Es lo sé. –Respondió el chico-. Pero como guardián me temo que no puedo hacer excepción por nadie, aunque este sea Ken Power.
El silencio permaneció por algunos instantes, Ken y Glena se miraban sorprendidos por la respuesta del chico.
-De acuerdo. –Ken entregó la caja a Glena e inmediatamente retomó posición de combate-. Si son las reglas no tenemos opción.
Adán permaneció firme, su mirada siguió la figura de Nek quien caminó frente a Ken y desenfundó su espada.
-Nek que estás haciendo. –Expresó Ken retirando su posición de combate.
-Está bien si tomo su lugar. –Preguntó Nek al chico.
Ken y Glena permanecieron serios, esperando la respuesta del otro chico quien aparentemente había dibujado una sonrisa casi nula.
-¿Realmente lo quieres? –Expresó-. Está bien, si me vences los dejare pasar a los tres, pero si pierdes… ¿Me entregarás la espada que portas?
-¿La espada? ¿Por qué tanto interés en ella? –Meditó Nek-. De acuerdo. –Exteriorizó.
-Nek no tienes experiencia enfrentando a guerreros psíquicos. –Recriminó Ken.
-¿Cómo sabes que es un psíquico? –Preguntó Nek con seriedad.
-Ese tipo de esencia es inconfundible, me irrito cada vez que estoy cerca de uno –Murmuró Ken con acento de preocupación-. Los guerreros psíquicos son ágiles y muy impredecibles.
-Tal vez no tenga experiencia tratando con alguien como él. –Nek enfocó su mirada en Adán-. Pero no puedo dejar que eso me asuste si quiero ser tan buen Samurai como mi maestro.
-Chico hazme caso. –Insistió Ken-. Deja que yo me encargue.
-No puedo dejar que luches, no has dejado de hacerlo desde que llegamos a Éxico. –El chico observó a su amigo-. Psíquico o no, se vería mal que te enfrentaras a un niño. Confía en mí, te prometo que en menos de un rato estaremos con la Bruja Del Acierto.
Ken eliminó todo rastro de preocupación al ver la seguridad en su amigo, dirigió su mirada en Glena quién simplemente asentó con su cabeza y observó hacía el frente.
-De acuerdo, Ve por él chico. –Expresó Ken-. Tenemos Fe en ti.
Nek caminó tres pasos al frente, mismo número de pasos que también caminó el otro chico.
Hubo un breve cruce de miradas; Adán inmediatamente arrojó su túnica al suelo, mostrando un atuendo compuesto por camisa y pantalón, ambos de color blanco y un relicario de plata que colgaba de su cuello con el símbolo del ente de las ocho alas.
Tan pronto la túnica cayó al suelo, el combate inició.
Ambos chicos pese a su corta edad, se desvanecieron en el viento a gran velocidad, sus figuras se vislumbraban como franjas en el espacio y el sonido de sus ataques simulaba el choque de dos fuertes placas de acero.
Adán fue quién arremetió primero con un golpe directo al rostro de Nek, pero el chico fue suficientemente rápido para detenerlo con el poder de su mano izquierda.
El pequeño Samurai intentó golpear a su adversario con el filo de su espada, la cual empuñaba con la mano derecha, pero su adversario se desvaneció en la nada, antes que el ataque cumpliera su cometido.
En segundos Nek hizo una patada de giro, la cual fue fácilmente esquivada por su adversario, quien antes había tenido la intención de aprovechar su guardia baja.
Adán quiso aprovechar esta nueva oportunidad para golpear a su adversario con su mano libre, pero Nek percibió sus intenciones e inmediatamente arrojó una ráfaga de fuego con su espada.
Adán retrocedió para esquivar el ataque y eso le resultó, no obstante Nek aprovechó la situación para arrojar un nuevo golpe. Éste resultó efectivo, pues dio completamente en el abdomen de su rival.
El joven guardián fue desplazado algunos metros por el impacto, aunque no mostraba ningún rasgo de dolor. Enfocó inmediatamente su mirada hacía el frente, pues escuchó un grito de batalla.
-RAFAGA IGENA.
Nek alzó su espada la cual se cubrió con un resplandor color púrpura, en segundos una flama de color rojizo rodeó el filo oscuro de ésta.
Ken y Glena quedaron sorprendidos cuando la flama tomó la forma de un enorme dragón serpiente, el cual Nek arrojó sobre su adversario.
Una tremenda explosión sacudió todo el lugar, el humo cubrió toda la habitación seguida de una ráfaga de choque que desapareció casi inmediatamente.
Nek nuevamente enfundó su espada y retomó posición de guardia, cuando el humo desapareció y vio que su ataque había sido poco efectivo, pues su adversario tuvo tiempo de protegerse con un escudo de energía psíquica.
-¡Sorprendente! –Expresó Glena-. Nunca había visto a nuestro Nek iniciar una pelea de esa forma.
-El chico está madurando en su manera de pelear. –Respondió Ken.
-Eso crees. –Expresó Glena muy pensativa-. No estoy muy segura de cómo debe pelear uno, pero muchos de sus movimientos son muy parecidos a los tuyos.
-¿Te percataste de eso? ¡Vaya! No sabía que fueras tan observadora. –Ken enfocó su mirada en el rostro de Nek-. No puedo explicarlo, pero al parecer, Nek ha copiado y perfeccionado mi estilo de combate.
-¿A qué te refieres? –Cuestionó Ella.
-Él encontró todos los defectos de mi estilo de combate y agregó métodos propios para resolver esas debilidades. –Ken observó a Glena con seriedad-. Casi puedo jurar que se está preparando para luchar contra alguien más.
-¿Alguien más? –Cuestionó Glena.
-Observa con atención Glena, es probable que Nek quiera sorprendernos con algo nuevo. –Finalizó Ken.
Adán retiró su escudo psíquico, se puso firme y dibujó una sonrisa casi nula, mientras observaba a su oponente.
-No esperaba menos de ti joven Nek Eliot. –La mano derecha de Adán se cubrió con un aura de color celeste-. Llevemos el combate al siguiente nivel.
Nek corrió a gran velocidad, a mitad de camino desenfundó su espada la cual se cubrió instantáneamente con flamas rojizas.
Adán alzó su mano, una corriente violenta de aire celeste rodeó su figura inmediatamente.
-IMPACTO FINAL –Murmuró el joven guardián.
En fracciones de segundo, la espiral de aire que rodeaba al chico se transformó en un violento torbellino de energía psíquica.
Nek intentó detenerse, pero para cuando pensó en hacer una maniobra evasiva, ya era demasiado tarde, el ataque de su adversario lo empujó con violencia hasta uno de los gruesos muros de la habitación.
Nek cayó arrodillado por el impacto, escupió algo de sangre producto de una herida interna, aún así no mostró rasgos de dolor e inmediatamente clavó una mirada de coraje hacía su adversario.
-EVANGELÎUM
Tras murmuras esta nueva palabra, Adán extendió su mano y en segundos la corriente psíquica que lo rodeaba se trasformó en una gigantesca esfera de energía azul.
El joven guardián cerró su mano e inmediatamente la esfera de energía arrojó un millar de ráfagas de luz, todas ellas golpearon el cuerpo de Nek hasta que no quedó ni una pizca de energía en la esfera. Como consecuencia hubo una fuerte explosión.
El eco fue muy estridente, toda la habitación se sacudió, sin embargo los gruesos muros no mostraban ni una sola grieta, ni una pizca de polvo había caído. No obstante, una cortina de humo se había levantado sobre el lugar en el cual Nek reposaba.
Adán mostró una mueca seria e inmediatamente se puso alerta.
Nek saltó de la cortina de humo, empuñando su espada con la mano izquierda, la nueva actitud que había tomado, era una determinación envidiable.
-IMPACTO FINAL –Pronunció Adán de nueva cuenta.
Una nueva corriente de energía psíquica apareció, e inmediatamente se extendió a lo ancho.
Nek todavía permanecía en el aire, producto de la gran velocidad que había aplicado en su carrerilla. Sus ojos destellaron con la flama de la determinación.
-DOBLE…
La silueta de Nek desapareció frente a los ojos de todos, fue como si su cuerpo hubiese sido absorbido por el tiempo. Incluso para Ken, que tenía el don de ver todo con la velocidad de un caracol, le fue imposible saber la ubicación del chico.
Un resplandor apareció tras la figura de Adán, era la figura del pequeño Samurai envuelta en fuego. El joven guardián giró su cabeza lentamente y percibió la mirada de su rival, sus ojos eran similares a los de una bestia.
-SECUENCIA
Al gritar la última palabra, Nek alzó su espada, la cual liberó una impresionante ráfaga de Fuego. La figura de Adán se elevó debido al ataque y se impacto en el techo de la habitación el cual estaba a metros de distancia.
Finalmente el cuerpo de Adán cayó con violencia al suelo. Nek le había derrotado y no sólo eso, le había dejado quemaduras serias en el cuerpo.
-Por Dios. –Expresó Glena asustada cuando vio como se veía el rostro de Adán.
Ken por otro lado, no podía pronunciar palabra alguna. Le había sorprendido la nueva técnica de su amigo y la velocidad con la cual la había efectuado.
Ambos corrieron cuando vieron que Nek puso el filo de su espada sobre el cuello de Adán.
Adán observó seriamente a Nek, pese a sus heridas no mostraba ningún síntoma de dolor.
Nek en cambio, observó con seriedad, hizo un movimiento horizontal con su espada simulando una ejecución.
-CRASH… Los muertos no hablan. –dibujó una sonrisa alegre al pronunciar esto último.
Luego de eso, extendió su mano y ayudó al chico a ponerse de pie.
-Siento mucho lo que hice. –Expresó Nek-. No era mi intención lastimarte de esa forma.
Adán dibujó una sonrisa ligera, poco a poco las quemaduras iban desapareciendo de su cuerpo, para sorpresa de Ken y Glena quienes habían llegado hasta ellos.
-¿Quién está lastimado? –Expresó el joven guardián, mientras extendía su mano.
Nek también extendió su mano para estrecharla con Adán, el saludo cerró por completo el combate y con ello, la tensión que se había respirado a lo largo de éste.
-¡Cielos! –Expresó Glena con alivio-. Por un momento creí que lo ibas a matar.
-¿Me crees capas de matar ha alguien? –Preguntó Nek, mientras guardaba su espada.
-No… pero tienes que reconocerlo. –Analizó ella-. Es la primera vez que te comportas de esa forma, menos mal que sabías que Adán tenía un factor de curación, de ser otra persona quien sabe que hubiese pasado.
-En realidad, yo no sabía que poseía esa habilidad. –Nek frotó su nuca por la pena-. Me emocione tanto en el combate que olvide medir mis habilidades.
-Espero que eso no se vuelva a repetir. –Expresó Ken, mostrando una mueca molesta-. No todos los psíquicos posen un factor de recuperación, esto pudo tener un resultado desagradable, no olvides que el fuego que controlas es peligroso y puede dañar de forma irreparable a las personas que…
-Comienzas ha hablar como mi maestro y sabes que… Eso es muy molesto. –Nek frunció el ceño y elevó su tono de voz.-. La razón por la cual tuvimos este combate, fue para ver con todas las de la ley, a la bruja del acierto, los medios no importan si logramos nuestro objetivo.
Ken y Glena se mostraron confundidos con la actitud de Nek, nunca lo habían escuchado hablar tan deliberadamente.
-Espero que cumplas con lo prometido, Adán. –Nek redirigió su mirada hacía el guardián.
-No te preocupes Nek Eliot. –Adán desvió su mirada hacía la habitación del fondo-. La señora Hapunda ha terminado con su meditación.
La puerta del fondo se abrió; la luz que salió de la habitación era intensa, imposible para un lugar en el fondo de la oscuridad, la silueta que en breve salió era ensombrecida por un efecto casi místico de la luz.
Ken, Glena y Nek permanecieron atentos al sonido que hacía el bastón que aquella figura portaba en su mano derecha, poco a poco la luz se extinguía y la silueta iba revelándose.
Lo primero que percibieron fue esa mirada extraña envuelta en un iris castaño oscuro, después el rostro blanco y con muy pocas arrugas, un largo y hermoso cabello negro amarrado en una trenza la cual colgaba de su lado derecho, de estatura media, un físico delgado y de postura elegante.
La vestimenta no era menos impresionante, un habito de monje, con una larga caperuza en forma de capa y una banda en su frente, la cual tenía el emblema de Éxico, todo el atuendo era de color blanco, con excepción del emblema que era de color celeste, los bordes de la ropa eran también de ese color, estos tenían diversas símbolos compuestos con círculos.
Ken pudo percibir que de su cuello colgaba una medalla circular con siete símbolos que nunca antes había visto.
-¿Usted es la bruja del acierto? –Preguntó Glena con enorme asombro.
Adán se acercó a ella y se colocó a su lado derecho, después ambos caminaron hacía los tres.
-Así me dicen algunos. –Expresó la mujer con una voz fuerte, elegante y clara-. Pero prefiero que me llamen por mi nombre… Hapunda.
Ken observó a la anciana con intenso coraje, ya que podía sentir en ella una poder psíquico muy grande, no podía evitar sentirse irritado por ello.
-Nosotros…
-Fueron enviados por Aurelio para entregarme la caja que cargas con tanto recelo. –Interrumpió la Anciana a Ken-. Lo sé, también sé que no hay nada en esa caja que pueda sorprenderme, más que el simple hecho de haber tenido que soportar la carga de traerla hasta a mí.
La anciana observó la caja sin mucha importancia, después miró a Ken con profunda seriedad.
-Lo único que ustedes tres tenían que hacer, era probar que tenían la determinación para llegar ha este lugar. Que podían enfrentar cualquier adversidad para llegar a las respuestas que tanto anhelan recibir. –La anciana observó a Nek-. Su enemigo mortal habita en sus corazones, en lo más profundo de ellos, disfruta verlos sufrir y hacerlos dudar. Ustedes que han buscado las repuestas tan desesperadamente, podrán darse cuenta que no siempre la verdad es algo de lo cual uno debe enterarse.
Finalmente la anciana dirigió la mirada hacía Glena.
-Ustedes eligieron este camino no porque tenían que entregar algo, ni porque estaban interesados en conocer las respuestas. Su interés verdadero era no romper ese lazo especial que formaron a lo largo de este tiempo. –La anciana cerró sus ojos y pronunció finalmente-. Si ustedes siguen creyendo en eso, en esa chispa que mantiene vivo su espíritu propio y su determinación, tal vez… pueden encontrar una respuesta apropiada para todas sus preguntas. Seamos Creyentes en que así será.
Ken, Glena y Nek, permanecieron serios y confundidos con el acertijo de la anciana.
-Nek, ¿Entendiste algo de lo que dijo? –Preguntó Glena a Nek con voz baja.
-No… es la primera vez que no entiendo nada. –Murmuró Nek.
Al pequeño Samurai realmente le aterraba saber que por vez primera, alguien había pronunciado algo indescifrable para él.
-No temas. –Expresó la Anciana-. Si te entregas al miedo, cada vez entenderás menos. Una parte de ti entendió lo que dije hace un instante, la otra parte ya lo sabía, pero aún no logra enterarte.
Tras esto último Nek y Glena permanecieron enmudecidos. Ken por otro lado mantenía esa mueca característica en él.
-¿Hay algo que te incomode? –Preguntó la anciana a Ken.
Ken sacó la caja del botiquín, el cual arrojó por ser a estas alturas innecesario, después extendió su mano con la caja.
-Hace un momento mencionaste que traer esta caja hasta ti, era un carga pesada. –Ken prosiguió-. Admito que ha sido difícil y hasta molesto, no puedo decir que directamente es un hecho, pero creo que muchas vidas se han perdido por mantenernos a salvo, solamente para que esta caja llegue a su destino. Así que me gustaría terminar con esto de una vez por todas.
La anciana de nueva cuenta observó la caja con indiferencia.
-Lo dije anteriormente, no hay nada en esa caja que me pueda sorprender. –La anciana observó a Ken-. Si ha resultado una carga para ti, entonces ábrela y descubre cual ha sido el objeto de tu causa.
Glena y Nek observaron a Ken con nerviosismo, la anciana le había pedido sin titubeo que abriera la caja.
El joven guerrero, observó la caja por algunos segundos. No evito, sentir nerviosismo, en varias ocasiones había sentido la tentación de abrirla, pero no lo había hecho porque era un hombre de palabra.
Su mano rozó la caja, poco a poco levantó la tapa, mientras su corazón se aceleraba por la emoción.

En el exterior; en un valle con fuertes ráfagas de viento y con nubes púrpuras de tormenta, se encontraba la figura de un guerrero de cabellera rubia, alborotada y en punta.
-El mensaje se ha consumado y con ello, también inician las últimas profecías.
Giró su rostro, al sentir una presencia maligna tras él.
La silueta que en breve apareció, era la de uno de esos mercenarios encapuchados, no cualquiera de ellos, aquella silueta era del más misterioso de todos ellos.
El iris azul profundo del guerrero, reflejó un alerta instantánea, al mismo tiempo apretó sus puños con fuera mientras giraba su cuerpo lentamente.
-Esperaba que te mostrarás durante el conflicto. –Expresó el guerrero-. Nunca me imagine que lo hicieras antes.
El mercenario cruzó sus brazos, su rostro aún permanecía anónimo bajo la oscuridad de la caperuza negra que lo cubría.
-¿Qué sucede Cost aún sigues dependiendo de tu confianza en tus poderes? –Expresó el mercenario con mofo-. Sabes que por más arduo que lo intentes, nunca podrás saber cuando y como apareceré.
Cost cerró sus ojos, al mismo tiempo liberó la presión que ejercían sus puños.
-Hace dos días hubiese considerado imposible tu intervención en todo este asunto. Pero ahora me queda todo muy claro. –Cost abrió sus ojos y mostró una mirada furiosa-. Tú les hablaste a los mercenarios de la existencia de Ken y de sus inusuales habilidades, de no ser así, ellos jamás se hubiesen interesado en querer acabar con él.
El mercenario comenzó a reír sutilmente.
-Y te tomó todo este tiempo deducirlo. Pensé que siendo el psíquico más poderoso del mundo lo descubrirías mucho antes. –El mercenario dejó caer sus brazos mientras proseguía con su explicación-. Así es, yo fui quien les habló de Ken, de eso, hace algunos años. No obstante te equivocas al pensar que soy el actor intelectual de todo este asunto, yo sólo les di la ubicación de uno de los elementos de su deseo, lo demás fue cosa del destino o de la suerte, según como lo quieras ver.
-¿Por qué Ken? ¿Por qué él? –Preguntó Cost con reclamo.
-Tú lo sabes, él es igual a ti… No, es igual a nosotros. –El mercenario profundizó-. Aunque ambos intenten escapar de lo que son, no podrán hacerlo nunca, es eso o la extinción.
-¿Por qué tienes tanto interés en ayudarlos? Explícate… ¿Qué ganas de todo esto? –Cost inmediatamente se puso en guardia.
-Obtengo satisfacción, que preguntas tan más estúpidas. –El mercenario también tomó posición de combate-. Me propuse eliminarlos a ambos, tal y como lo hice con ella.
Cost apretó sus dientes producto de la rabia que sintió al escuchar eso último.
-Los mercenarios están obsesionados con sus caprichosos deseos, no es difícil aprovecharse de eso. –Pudo percibirse una sonrisa en el rostro del mercenario-. Todo estaba predestinado, lo sabes, aún y con tu intervención todo retomaría su lugar. Aunque esto lo había planeado para Ken, nunca imagine que tu intervinieras, debo darte un punto a favor por ocultar muy bien tu presencia, no me percate de ella hasta hace algunos días. Como sea, de igual forma, tarde o temprano iría tras de ti.
-Estás subestimándome. –Expresó Cost con furia-. Dejé de ser un niño hace mucho tiempo.
-Lo sé. –Contestó el mercenario-. En aquella ocasión pude percibir el poder que se ocultaba en lo más profundo de sus corazones. A diferencia de Ken, tú no ganaste esa bestia hostil, tú naciste con ella, y desde tu nacimiento permanece impaciente por salir. Cost… deja salir esa bestia y muéstrame tu verdadera apariencia.
El mercenario se abalanzó contra Cost, su mano derecha en forma de filo estaba rodeada de un resplandor verde oscuro.
Cost detuvo el ataque de su rival, sosteniéndolo de la muñeca con su mano. Así permanecieron estáticos por un tiempo en el cual el joven guerrero murmuró.
-No sabes que estás diciendo. –El iris azul del psíquico destelló de un místico carmín por breves segundos-. Mi otro yo, es algo que nadie debería ver nunca.

El cuerpo de Ken temblaba por el Shock que la había provocado el abrir la caja. Glena y Nek no entendieron el porque de su reacción, e inmediatamente se acercaron para ver el contenido.
-No puede ser… -Expresó Glena con enorme asombro-. Está…
-Vacía. –Murmuró Ken con decepción.
Ninguno de los tres podía creer lo que veían, tanto esfuerzo, tantas vidas desperdiciadas, dolores, penas, llantos y sacrificios para nada.
Ken arrojó la caja con fuerza, está se rompió en pedazos. El joven guerrero arrojó una mirada furiosa en contra de la anciana.
-Vacía. –Su voz tambaleo-. ¡QUÉ SIGNIFICA TODO ESTO!
Glena y Nek dibujaron rostros tristes, ella incluso cayó arrodillada por la impresión que esto le causo.
-No lo entiendo. –Expresó la joven enfermera-. Una vez agite la caja, estaba segura que había algo en su interior. Esto no tiene lógica.
-Claro que lo tiene. –Expresó la anciana-. Esa caja tenía un objeto en su interior, pero fue robado por alguien más.
-¿Robado? –Expresó Nek con asombro-. Eso es imposible. Ken, Glena y yo hemos estado al pendiente de la caja todo el tiempo, nunca nos apartamos de ella.
-¿Es eso cierto? –Expresó la anciana con sarcasmo.
-Estoy seguro. –Nek recordó algo inmediatamente-. Podrá ser que…
-Eso ya no importa. –Expresó Ken-. Este viaje no valió la pena. Es irónico que en todo este tiempo, hayamos trasportado un mensaje vacío.
-Es lo mismo que dijo Cost. –Murmuró Nek.
-¡Qué dices! –Expresó Ken con tono elevado-. ¿Qué tiene que ver ese tipo en todo esto?
-Cuando estábamos en Micho. –Explicó Nek-. Escuché a Cost decir a Ulises, “El mensaje que cargan consigo es tan vacío como sus sueños”.
Ken apretó sus puños con fuerza.
-¿Eso dijo? Ese mal nacido lo sabía y no nos dijo nada. –Apretó sus puños con más fuerza-. Ese maldito bastardo hijo de…
-Pudo haber sido peor joven Ken. –Interrumpió Hapunda-. El contenido de la caja pudo haber caído en manos del enemigo durante algunos de vuestros combates. Lo que alguna vez albergó esa caja, se encuentra en buenas manos por el momento.
Nek se tranquilizó al escuchar eso último, a diferencia de Ken y Glena quienes seguían pensando que nada había valido la pena.
-Su llegada aquí no ha sido en vano. –La anciana miró con seriedad a Ken-. Pues estoy dispuesta a cumplir su deseo, joven Ken.
-¿Mi deseo? –Murmuró Ken.
-Intentaré devolverte tus recuerdos. –Pronunció Hapunda finalmente.

La silueta del mercenario se elevó en los aires; con una pirueta en la nada, logró caer en pie.
-Excelente. –Expresó con acento arrogante-. Tus habilidades físicas y especiales son extraordinarias y ni siquiera estás usando una pizca de tu máximo poder. No cabe duda, eres un digno heredero del Clan Water.
Cost seguía mirando a su oponente con frialdad, su rostro estaba lleno de cortadas y raspones.
-No necesito halagos de nadie. –Las heridas de su rostro comenzaron a desaparecer-. Mucho menos de ti.
-Esa habilidad que poses es muy útil, te ayudó mucho en aquella batalla con ese tipo… ¿Cómo se hacía llamar? –Meditó el mercenario tranquilamente-. Creo que era Omega o algo así.
-¿Me has estado espiando? –Preguntó Cost con seriedad.
-Un cazador nunca pierde de vista a ninguna de sus presas. –Respondió el mercenario-. Al menos en eso, los mercenarios y yo nos parecemos. Disfrutamos la cacería tuya y del pequeño Ken.
Una fuerte corriente de energía verde oscuro en forma de espiral, rodeó la silueta del mercenario y se elevó hasta el cielo.
-Tú hermano desarrolló esa habilidad más joven que tú, y aún así paréese ser que lo superaste en cuanto a efectividad. –El mercenario retomó posición de combate-. No obstante, dudo que puedas recuperarte de este ataque.
El mercenario extendió sus brazos hacía el frente, formó una boca de dragón con ambas manos, e inmediatamente la energía que rodeaba su cuerpo se concentró en sus palmas.
-EXPLOSION ATOMICA
Un destelló se percibió en todo el escenario, en segundos la energía contenida fue arrojada contra Cost.
El guerrero psíquico no se movió ni un centímetro, la energía arrojada no lo había tocado porque había puesto un escudo de energía psíquica en forma de esfera sobre su alrededor.
Tranquilamente observó como nuevamente el mercenario se abalanzaba en línea recta sobre él.
-MURO ESPEJISMO.
Inmediatamente la burbuja que lo cubría tomó la forma de un muro de cristal. La figura del mercenario, que se acercaba velozmente, atravesó el muro y también el cuerpo de Cost.
El muro desapareció, al igual que la hostilidad en el ambiente.
-¿Otra vez escaparás? –Expresó Cost a ojos cerrados.
-No ha llegado el momento de ponernos serios Cost. –Expresó la figura del mercenario que se encontraba tras Cost-. Imagino que en este momento, debemos interferir en asuntos de otras personas.
La silueta del mercenario comenzó a desaparecer como si se tratase de una nube de humo.
-Estoy ansioso por que llegue el momento de terminar con nuestros viejos asuntos. –La silueta del mercenario casi desaparecía cuando pronunció-. Por el momento sigue creyendo en lo que nunca podrá ser.
Cost giró su cuerpo hacía el lugar en donde estuvo la silueta de su rival, permaneció firme y serio mientras seguía observando celosamente.
-Te equivocas al pensar que fracasaré en esta misión. –Lentamente giró su cuerpo en dirección opuesta y observando serenamente hacía Gereo-. Aún tengo una carta, y aunque tal vez lamente usarla. Es el boleto de todos hacía la victoria.
La frente de Cost comenzó a brillar con un intenso resplandor azul, al igual que sus ojos los cuales mostraban la llama de la determinación.

Ken y la anciana Hapunda se encontraban sentados en el suelo de una enorme plataforma, en cuyo suelo estaba dibujado el emblema del ente de las ocho alas.
Glena, Nek y Adán los observaban a poca distancia. Los dos primeros se mostraban muy atentos.
-Antes debo advertir que el procedimiento para traer tu vieja mente puede causarte mucho dolor. –La Anciana le miró con seriedad-. Aún así deseas continuar.
Ken cerró sus ojos, respiró profundamente y respondió con tranquilidad.
-Es lo que más quiero en el mundo.
Glena no evitó dibujar un rostro triste con esa respuesta.
-De acuerdo. –La anciana colocó ambas manos sobre las sienes de Ken-. Comencemos entonces.
Una corriente fría se percibió en todo el salón, proveniente del círculo en donde se encontraban Ken y la anciana.
Los ojos de la bruja se pusieron en blanco y su cuerpo se cubrió con un aura de color blanquecina.
Ken comenzó a sentir un horrible ardor en su mano, el tatuaje en su muñeca derecha, comenzó a brillar de múltiples colores en fracciones de segundo.
-Controla tus emociones. –Murmuró la anciana, aunque su voz hizo eco en todo el lugar-. O morirás a causa de un paro cardiaco.
Ken intentó poner la mente en blanco, tal y como la anciana se lo pedía, pero le resultaba imposible, debido a que sentía distintos tipos de dolores, físicos, mentales y espirituales.
Glena y Nek vieron con asombro como los cuerpos de ambos se elevaban en la nada, rodeados por una cantidad enorme de energía blanquecina.

La anciana movió un poco sus dedos y en segundos, vio una inimaginable cantidad de imágenes, todas ellas relacionadas con el viaje de Ken al lado de Glena y Nek.
Ken por otro lado, comenzó a apretar sus dientes, el dolor se hacía cada vez más intenso, comenzó a sentir un fuerte dolor en el pecho, ni siquiera la ocasión en la cual fue atravesado por la espada de Alexander, se comparaba con este momento.
Las imágenes de la mente de Ken, llevaron a la Anciana hasta el punto en el cual Ken y Glena partieron de Ciudad Del Trueno, después un poco más atrás, cuando Gus le ofreció su hogar por el tiempo necesario, después más atrás cuando Ken llegó hasta las puertas del hospital de Gus, arrastrándose por el suelo dejando un línea de sangre sobre el pavimento.
En ese momento, la anciana pudo ver como Ken caía inconsciente y como poco a poco se materializaba una figura entre sombras.
-Ken. Tú también estás aquí… -Expresó aquella silueta mientras intentaba hacer algo por ayudarlo-. Entiendo… tú me arrastraste hasta aquí. Tal y como yo alguna vez te arrastre hasta mí.
La imagen se iluminó inmediatamente y casi a igual velocidad se oscureció. Inmediatamente hubo otro resplandor violento, cuyo sonido era similar a un vidrio rompiéndose.

Los cuerpos de Ken y la anciana volaron violentamente en sentido contrario.
-¡KEN!
-¡SEÑORA HAPUNDA!
Glena y Adán fueron a socorrer a sus amigos respectivamente, mientras Nek no había dado crédito a lo que había visto y sentido.
-¡Auch! ¡Eso dolió! –Ken se había golpeado la cabeza con el muro, su cabeza sangraba, al igual que su frente y nariz.
-Ken ¡Por Dios! ¿Estás bien? –Glena lo abrazó inmediatamente-. Estás herido ¡Maldición! Y yo sin ningún remedio.
En el otro extremo; Adán ayudaba a la señora Hapunda a ponerse en pie. Para el joven guardián resultó un alivio, ver que la anciana no tenía rasguño alguno.
-¡Pero que demonios pasó! –Exclamó Ken muy molesto-. ¿Se supone que con esto iba ha recordar?
-¿Aún no recuerdas nada? –Expresó Glena con seriedad.
-Nada desde que desperté en el hospital de tu hermano. –Ken frotó su nuca con la mano y se molestó más al ver que estaba sangrando-. ¡Maldición! Ahora tengo una migraña terrible.
Ken se puso de pie, al mismo tiempo que la anciana Hapunda. El joven guerrero caminó hasta a ella mostrando una mirada fría.
-¿Qué fue todo eso? –Preguntó exaltado, mientras seguía caminando.
-Esas fueron las imágenes de tu vida. –La anciana desvió su mirada-. De tu nueva vida.
Ken finalmente llegó hasta a ella, Nek y Glena le siguieron inmediatamente pues percibieron hostilidad en él, en más de una ocasión cruzó por sus mentes que podía golpear a la anciana.
-Dime Ken. ¿Por qué te irrita tanto estar en compañía de psíquicos? –Preguntó la anciana.
-No lo sé. –Respondió Ken, mostrando una mueca molesta-. Esperaba resolver eso, una vez recuperados mis recuerdos.
-Te has puesto a pensar que ese odio hacía los psíquicos, tal vez no sea algo propio de ti. –Expresó la Anciana con seriedad.
-¿A qué se refiere? –Preguntó Ken con incertidumbre.
La anciana desvió su mirada hacía el símbolo en el piso, dibujó una sonrisa ligera mientras decía.
-Aunque fue por breves instantes pude ver algunos de tus recuerdos antes de tu llegada a ese hospital. –La anciana miró a Ken sin retirar esa pequeña sonrisa-. Debo decir que muchas de tus actividades no eran muy correctas, pero por lo poco que vi, nunca has pedido más de lo justo.
La Anciana borró su sonrisa, al mismo tiempo cerró sus ojos y expresó con profundidad.
-Tú mente está sellada por un poder psíquico superior al mío. –La anciana abrió sus ojos muy despacio mientras proseguía-. No puedo decirte mucho, pero es un hombre demasiado atractivo.
-¿Un hombre? –Exclamó Ken con furia. Ya que en segundos la imagen del rostro de Cost Water se materializó en su mente-. ESE MISERABLE.
Ken cayó arrodillado, apretó sus dientes y puños con rabia, por la impotencia que la revelación le había causado.
-¡Todo Éste Tiempo Ese Miserable…! –Murmuró con rabia -. ¡POR QUÉ DEMONIOS ME HACE ESTO! –Con ese grito, arrojó también un golpe al suelo, el cual dejó un enorme cráter.
Glena y Nek no pronunciaron palabra alguna, estaban tan confundidos y asustados que no podían hacerlo.
-¿Por qué la preocupación joven Ken? –Preguntó la anciana.
-Le parece poco. –Expresó Ken con molestia, mientras se ponía de pie-. Me acabo de dar cuenta que la persona que más me irrita en el mundo, mantiene cautiva mi mente, mi identidad, mi vida.
-El poder psíquico de ese joven, pertenece a una línea de poderosos guerreros. Desafortunadamente no tengo el poder ni los métodos para romper ese sello. –La anciana pensó en la ironía de la situación-. Sin embargo, una persona que ha arriesgado tanto su vida por ti, no creo que planee algo en tu contra.
Ken apretó sus dientes con fuerza, giró su cuerpo y comenzó a caminar.
-No puedo aceptar que él sea la única llave a mis recuerdos. –Se detuvo un poco sólo para meditar-. ¡Maldición! Debe haber otra forma de recuperar mis recuerdos, debe haberla.
Glena y Nek observaban a su amigo con tristeza, ambos en el fondo de su corazón no querían que Ken los olvidara, pero no soportaban ver a su amigo en ese estado.
Ken se encontraba cabizbajo, meditando con enorme furia.
-No, no existe otra forma. Siendo Cost el único que puede devolver mi identidad. No tendré opción. –Ken alzó su cabeza hacía arriba-. Tengo que exigírselo, y de ser necesario… Debo enfrentarlo.
Ken se percató de la llegada de varias presencias a Gereo, en instantes giró su cuerpo hacía Glena y Nek.
-Amigos hay que ir afuera. Nuestra misión de entregar la caja termina aquí. –Alzó su puño, mientras los observaba con determinación-. Tal vez… esto no salió como esperábamos, pero de igual forma logramos cumplir nuestro objetivo.
Glena y Nek dibujaron una gran sonrisa, al ver que el ánimo de su amigo había regresado.
-Hay una guerra en la que debemos estar. –Finalizó Ken con gran determinación.
Inis y Tara se mantenían alertas ante la nube de polvo que se acercaba hacía el pueblo.
-Son alrededor de mil. –Expresó Tara quién portaba un catalejo en las manos.
-Él siempre me sorprende. –Expresó Inis, mostrando una enorme sonrisa-. Apenas llegó al país y ya reunió a mucha gente.
Ambos desviaron su mirada, al escuchar ruidos en una de las alcantarilla tras ellos, lograron percibir una mano que empujaba la tapa de la misma.
Ken, Glena y Nek salieron del lugar, junto con Adán y la anciana Hapunda.
-Cuanto tiempo sin vernos su majestad. –Expresó la anciana con enorme seriedad.
-Lo mismo digo señora Hapmuna. –Respondió Inis con igual seriedad.
-Las presencias que vienen hacía acá. -Expresó Nek-. Algunas de ellas se me hacen conocidas.
-Así es. –Respondió Inis-. Imagino que han pasado meses desde que les vieron en el País Del Aguila.
Para la visión de Ken las siluetas que dirigían el enorme ejército se hacían visibles. Una mujer albina de figura atlética, una chica con una gorra, un chico con un arma en uno de sus laterales, un hombre fuerte con una cicatriz en forma de garra en su mejilla. Todos ellos usando ropas desgastadas.
Y su líder; un joven de cabello largo y castaño, de semblante serio y de ojos con un místico color violeta. Vestido con una camiseta de botones y sin mangas de color blanco, un pantalón militar de color rojo, y unas botas militares de color negro, esta vez no traía consigo ninguna bala a la vista, pero sí su pistola plateada.
En pocos minutos el ejército había llegado a las puertas de Gereo, todos se detuvieron cuando su joven Líder hizo la señal de alto.
-Ken, Glena, Nek. Ha pasado tiempo. –Expresó el joven mostrando una sonrisa pequeña-. Inis… Que bueno que la alianza se haya animado a venir, nos tenían muy olvidados.
-A mí también me da gusto verte Neon. –Expresó Inis con alegría.
Ambos hombres estrecharon sus manos, después Neon hizo una seña a Drak.
-¡Avancen! –Tras el grito de Drak, el enorme ejército comenzó a movilizarse.
Kevin y Cris hicieron un saludo militar para Ken, después avanzaron con el resto de las personas, dejando sólo a Neon, Drak y Maya al encuentro de Ken y los demás.
-Me muero por saber lo que hicieron allá en el País del Águila. –Expresó Tara mientras entregaba una caja de balas a Neon-. El exterior debe ser un lugar hermoso.
-Tiene su encanto. –Expresó Neon con desinterés, mientras colocaba algunas balas en su arma-. Tampoco es un lugar perfecto, tú no estabas en él.
Tara dibujó una sonrisa, mientras Neon le entregaba el resto de las balas.
-Adán y… la vieja bruja ¿Qué hacen aquí afuera?
-Hapunda… Neon, Hapunda. –Expresó la anciana con molestia-. Te he dicho mil veces que no me digas vieja bruja.
-Cómo sea, dudo mucho que pueda ayudarnos en esta guerra. –Expresó Neon observando su arma en busca de algún desperfecto-. No creo que los golpes de bastón sean algo letal para nuestro enemigo.
-Nunca subestimes a esta anciana. –Expresó Hapunda levantando su puño por la molestia-. Te sorprendería lo que una mujer puede hacer a mis años.
-Claro que sé… Quejarse ¿qué más? –Expresó el joven, con una enorme sonrisa, al parecer le divertía molestar a la anciana.
-Es mi imaginación o no se llevan muy bien. –Expresó Nek.
-Todo lo contrario. –Expresó Maya-. Se llevan tan bien que por eso se hablan con tanta confianza.
-Nek me alegra ver que aún sigues con el equipo. –Neón frotó el cabello de Nek-. Espero que no destruyas todo como la última vez.
-¿Por qué dices eso? ¡Hey! No me despeines.
Todos rieron un poco, hacía mucho tiempo que no sentían algo así, la sensación de estar en compañía de amigos. Aún así, pararon de reír al percatase de la seriedad en el rostro de Ken.
-Vamos Ken, Sonríe. –Expresó Neón-. Estamos a las puertas de un conflicto, debemos disfrutar el momento.
Ken respiró profundamente a ojos cerrados, los abrió y observó a Neón con seriedad.
-Este día excedí mi límite de emociones. –Expresó Ken-. No tienes ni idea de lo mucho que nos enteramos hoy.
-Déjame adivinar. –Analizó Neón mientras decía-. De la noche a la mañana te has convertido en un líder militar, has enfrentado a quien sabe cuantos mercenarios sin que ellos te hayan dado respuesta alguna del porque te atacan y no sólo eso, aún… no has recuperado tus recuerdos.
-Eso ha sido sólo parte de esto. –Expresó Ken, mientras giraba su cuerpo hacía la dirección contraria-. La llave a mis recuerdos está muy cerca de aquí. Puedo sentir su asquerosa presencia.
Todos permanecieron serenos por las palabras antes dichas por Ken.
Glena, por otro lado, no evitó girar su mirada hacía otro lugar en el cual se alzaba una nube oscura de tormenta.
-En ese lugar se encuentra el castillo Éxico. –Expresó Nek.
-¿Cómo sabes? –Preguntó Glena.
Nek observó con enorme nostalgia, era como si algo en ese lugar lo estuviese llamando.
-Puedo sentir la presencia de Alexander, de Exile y de algo más.
Ambos mantuvieron la mirada fija en aquel lugar.

-Todo marcha de acuerdo al designio inicial. –Expresó uno de los mercenarios.
Aquel mercenario de cabello Azul, corto y lacio observaba a Ken, Glena, y Nek desde la inmensa esfera púrpura que se encontraba en una de las tantas habitaciones oscuras del castillo Éxico.
-Nuestras piezas de ajedrez se movilizan. –Expresó una voz al fondo del pasillo-. Y las suyas comienzan a dudar.
El más temido de los mercenarios, hizo acto de presencia, con su rostro al descubierto, mostrando su brillante cabello pelirrojo en punta, su penetrante iris azul y la horrible cicatriz de quemadura en su mejilla derecha.
-Hay dos piezas en la parte de su tablero que aún siguen interfiriendo. –Expresó el mercenario Exile, mientras hacía un movimiento con su mano.
La imagen que se mostraba en la esfera cambió, se divisaba sólo un paraje desértico de arena gris.
-A su momento, ambos enfrentaremos nuestros destinos. –Expresó el mercenario de la espada-. Será nuestra única oportunidad de saldar cuentas de una vez por todas.
-Percibo una ansiedad macabra poco inusual en tu voz. –Expresó el mercenario psíquico.
-No es tanta, comparada con la ansiedad que tengo de ver florecer a esa semilla que nos fue arrebatada hace tiempo. –Expresó Alexander mostrando una sonrisa malvada.
-El elegido está aquí, aquel que traerá la destrucción, que expandirá la penumbra por todo el mundo. –Expresó Exile con seriedad.
-Aquel que hará realidad, nuestros deseos. –Finalizó Alexander.